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CELEBRACIÓN LITÚRGICA DE LA SEMANA SANTA

 

VIGILIA DE PASCUA

 

Primera parte: Solemne comienzo de la Vigilia

·        Bendición del fuego y preparación del cirio

     Seguidamente se bendice el fuego:


Oremos.

Oh Dios, que por medio de tu Hijo
has dado a tus fieles el fuego de tu luz,
santifica + este fuego, y concédenos
que la celebración de estas fiestas pascuales
encienda en nosotros deseos tan santos
que podamos llegar con corazón limpio
a las fiestas de la eterna luz.

Por Jesucristo nuestro Señor.

    Amén.

·        Del nuevo fuego se enciende el cirio pascual.

            1.  Cristo ayer y hoy, (Graba el trazo vertical de la cruz.)

2.     principio y fin, (Graba el trazo horizontal.)

3.     alfa (Graba la letra Alfa sobre el trazo vertical.)

4.     y omega. (Graba la letra Omega debajo del trazo vertical.)

5.     Suyo es el tiempo (Graba el primer número del año en curso en el ángulo izquierdo superior de la cruz.)

6.     y la eternidad (Graba el segundo número del año en curso en el ángulo derecho superior de la cruz.)

7.     A él la gloria y el poder, (Graba el tercer número del año en curso en el ángulo izquierdo inferior de la cruz.)

8.     por los siglos de los siglos. Amén. (Graba el cuarto número del año en curso en el ángulo derecho inferior de la cruz.)

 

·        Por sus llagas

·        santas y gloriosas,

·        nos proteja   

·        y nos guarde

·          Jesucristo nuestro Señor. Amén.

PROCESIÓN

·        Sacerdote: La luz de Cristo (3 veces)

·        Todos: Demos gracias a Dios

 
PREGÓN PASCUAL

 

Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Ésta es la noche
en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Ésta es la noche
en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.

Ésta es la noche
en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.

Ésta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.

Ésta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mí gozo.»

Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.

En esta noche de gracia,
acepta, Padre santo,
este sacrificio vespertino de alabanza
que la santa Iglesia te ofrece
por rnedio de sus ministros
en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.

Sabernos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de esta cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Que noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!

Te rogarnos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso
por los siglos de los siglos.
Amén.

 Segunda parte: Liturgia de la palabra

Hermanos: Con el pregón solemne de la Pascua , hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos, en silencio meditativo, la palabra de Dios. Recordemos las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo en el avance continuo de la Historia de la salvación, al llegar los últi­mos tiempos, envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a todos los hombres. Mientras contempla­mos la gran trayectoria de esta Historia santa, oremos intensa­mente, para que el designio de salvación universal, que Dios inició con Israel, llegue a su plenitud y alcance a toda la humanidad por el misterio de la resurrección de Jesucristo.

Lectura del libro del Génesis 22, 1-18; Salmo 15, 5 y 8. 9-10. 11 y oración  

Lectura del libro del Éxodo 14, 15-15, 1; Salmo Ex 15, 1b-2. 3-4 5-6. 17-18

Lectura de la profecía de Ezequiel 36, 17-28; Salmo 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4; oración

Oh Dios, que iluminas esta noche santa
con la gloria de la resurrección del Señor,
aviva en tu Iglesia el espíritu filial, para que,
renovados en cuerpo y alma,
nos entreguemos plenamente a tu servicio.
Por nuestro Señor Jesucristo.  AMEN

Hermanos:
¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección. Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. Porque el que está muerto, no debe nada al pecado.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él. Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

 Palabra de Dios

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
 porque es eterno su amor!
 Que lo diga el pueblo de Israel:
 ¡es eterno su amor! 

R. Aleluya, aleluya, aleluya

La mano del Señor es sublime,
 la mano del Señor hace proezas.
 No, no moriré:
 viviré para publicar lo que hizo el Señor. 

R. Aleluya, aleluya, aleluya

La piedra que desecharon los constructores
 es ahora la piedra angular.
 Esto ha sido hecho por el Señor
 y es admirable a nuestros ojos.  R.

CICLO A: Evangelio según San Mateo 28, 1-10  

CICLO B: Evangelio de San Marcos 16,1-7

CICLO C: Evangelio: Lucas 24, 1-12

Invoquemos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para que bendiga esta agua, que va a ser derramada sobre nosotros en memoria de nuestro bautismo, y pidámosle que nos renueve interiormente, para que permanezcamos fieles al Espíritu que hemos recibido.

 

Señor Dios nuestro,  
escucha las oraciones de tu pueblo
 
que vela en esta noche santa,
 
en que celebramos la acción maravillosa de nuestra creación
 
y la maravilla, aún más grande, de nuestra redención;
 
dígnate bendecir
+ esta agua.  
La creaste para hacer fecunda la tierra
 
y para favorecer nuestros cuerpos con el frescor y la limpieza.
 
La hiciste también instrumento de misericordia
 
al librar a tu pueblo de la esclavitud
 
y al apagar con ella su sed en el desierto;
 
por los profetas la revelaste como signo de la nueva alianza
 
que quisiste sellar con los hombres.

Y, cuando Cristo descendió a ella en el Jordán,  
renovaste nuestra naturaleza pecadora en el baño del nuevo nacimiento.

Que esta agua, Señor, avive en nosotros  
el recuerdo de nuestro bautismo
 
y nos haga participar en el gozo de nuestros hermanos

bautizados en
la Pascua.

Por Jesucristo nuestro Señor.  AMEN

Hermanos: Por el misterio pascual hemos sido sepultados con Cristo en el bautismo, para que vivamos una vida nueva. Por tanto, terminado el ejercicio de la Cuaresma , renovemos las pro­mesas del santo bautismo, con las que en otro tiempo renuncia­mos a Satanás y a sus obras, y prometimos servir fíelmente a Dios en la santa Iglesia católica.

Así, pues:

Primera fórmula

Sacerdote: ¿Renuncien a Satanás?

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Y a todas su obras?

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Y a todas sus seducciones ?

Todos: Sí, renuncio.

Segunda fórmula

Sacerdote: ¿Renuncien al pecado para vivir en la libertad de los hijos de  Dios ?  

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Renuncien a todas las seducciones del mal, para que no   domine en vosotros el pecado ?

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Renuncien a Satanás, padre y príncipe del pecado?  

Todos: Sí, renuncio.


Sacerdote: ¿Creen en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra?

Todos: Sí, creo.

Sacerdote: ¿Creen en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
que nació de Santa María Virgen, padeció y fue sepultado, resucitó de entre los muertos  está sentado a la derecho a la destra del Padre?

Todos: Sí, creo

Sacerdote: ¿Creen en el Espíritu Santo,
en
la Santa Iglesia Católico,
en la comunión de los Santos,
en el perdón de los pecados,
en la resurrección de los muertos
y en la vida eterna?

Todos: Sí, creo


Y concluye el sacerdote
:

Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo,  
que nos regeneró por el agua y el Espíritu Santo
 
y que nos concedió la remisión de los pecados,
 
nos guarde en su gracia, en el mismo Jesucristo nuestro Señor,
 
para la vida eterna.

R/.  Amén.

·        Aspersión del pueblo de Dios presente.

·        Oración Universal

Cuarta parte: Liturgia eucarística

Oración sobre las ofrendas

Escucha, Señor, la oración de tu pueblo  
y acepta sus ofrendas,
 
para que la nueva vida
 
que nace de estos sacramentos pascuales
 
sea, por tu gracia,
 
prenda de vida eterna.

Por Jesucristo nuestro Señor.

PREFACIO PASCUAL I

El misterio pascual

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.  
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios
Es justo y necesario.


En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
 
glorificarte siempre, Señor;
pero más que nunca en esta noche (este día) (este tiempo)
en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

Porque él es el verdadero Cordero
que quitó el pecado del mundo;
muriendo destruyó nuestra muerte,
y resucitando restauró la vida.

Por eso,  
con esta efusión de gozo pascual,
 
el mundo entero se desborda de alegría,
 
y también los coros celestiales,
 
los ángeles y los arcángeles,
 
cantan sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...

PLEGARIA EUCARÍSTICA II

 
Santo eres en verdad, Señor,
fuente de toda santidad;
por eso te pedimos que santifiques estos dones
+ con la efusión de tu Espíritu,
de manera que sean para nosotros

Cuerpo y Sangre
de Jesucristo, nuestro Señor.

El cual
cuando iba a ser entregado a su Pasión,

voluntariamente aceptada tomó pan,

dándote gracias,

lo partió
y lo dio a sus discípulos, diciendo:

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS
.

Del mismo modo, acabada la cena,
tomó el cáliz,

y, dándote gracias de nuevo,

lo pasó a sus discípulos, diciendo
:

TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA POR VOSOTROS

Y POR TODOS LOS HOMBRES

PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

 

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Ahora, pues, al celebrar ahora el memorial
de la muerte y resurrección de tu Hijo,

te ofrecemos
el pan de vida y el cáliz de salvación
y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.


Te pedimos humildemente
que el Espíritu Santo congregue en la unidad

a cuantos participamos
del Cuerpo y Sangre de Cristo.

Acuérdate, Señor,
de tu Iglesia extendida por toda la tierra
___________________________________

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:
 

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrec­ción de nuestro Señor Jesucristo; *

___________________________________

y con el Papa N., con nuestro Obispo N.
y todos los pastores que cuidan de tu pueblo,
llévala a su perfección por la caridad.

Acuérdate también de nuestros hermanos
durmieron en la esperanza de la resurrección,

y de todos los que han muerto en tu misericordia;

admítelos a contemplar la luz de tu rostro.

Ten misericordia de todos nosotros,
y así, con María, la Virgen Madre de Dios,

los apóstoles

y cuantos vivieron en tu amistad

a través de los tiempos,

merezcamos, por tu Hijo Jesucristo,

compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,

en la unidad del Espíritu Santo,
t
odo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos

Amén

RITO DE COMUNIÓN


Llenos de alegría por ser hijos de Dios,
digamos confiadamente

la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,

l
íbranos del mal

Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,

vivamos siempre libres de pecado

y protegidos de toda perturbación,

mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.

Todos:

Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles
“La paz
les dejo, mi paz os doy”,
no tengas en cuenta nuestros pecados,

sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.

Tú que vives y reinas
por los siglos de los  siglos.

Amén.
La paz del Señor esté siempre con vosotros.

Todos: Y con tu espíritu.

Dense fraternalmente la paz

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, 
unidos en este cáliz,
sean para nosotros alimento de vida eterna.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
danos la paz.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,
que por voluntad del Padre,

cooperando el Espíritu Santo,

diste con tu muerte la vida al mundo,

líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre,

de todas mis culpas y de todo mal.

Concédeme cumplir siempre tus mandamientos

y jamás permitas que me separe de ti.

Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.

Dichosos los invitados a la cena del Señor

Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.

Oración después de la comunión

Derrama, Señor, sobre nosotros  
tu espíritu de caridad,
 
para que vivamos siempre unidos en tu amor

los que hemos participado  
en un mismo sacramento pascual.

Por Jesucristo nuestro Señor. AMEN

Bendición sobre el pueblo

Que les bendiga Dios todopoderoso  
en esta noche (este día) solemne de Pascua,
 
y que su misericordia les guarde de todo pecado.

R/.   Amén.

Y el que les ha redimido  
por la resurrección de Jesucristo
 
les enriquezca con el premio de la vida eterna.

R/.   Amén.

Y a ustedes, que al terminar los días de la pasión del Señor
celebran con gozo la fiesta de Pascua,

les conceda también alegrarse con el gozo de la Pascua eterna.

R7.   Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes.

R;   Amén.

Sacerdote: Vayamos en paz, aleluya, aleluya.

Todos   Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

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